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DON TOÑO
EL UNIVERSO CRANEADO DE UN APOLO
ATERRIZADO EN MIRAMAR

Por: © Helkin Alberto Núñez Cabarcas
Especial para CARIBANIA_magazine


tonho Con sus 65 años todavía este personaje querido de nuestra población no sabe en que momento su pasión por el firmamento lo invitaría toda una vida para observar las estrellas y justificarle su lealtad por hacer parte de este mundo interesante.

Para Manuel Antonio Macías Barrios, son muchas las circunstancias que lo llevaron a tener pendiente este universo lleno de complejas realidades, desde niño pintaba estrellas y otros elementos que tuvieran afinidad con su pasión el espacio sideral.

Prueba de ello y bajo las ondas electromagnéticas de radio, nunca se perdió las transmisiones de las misiones espaciales en la década de los 60´s, relacionada con los Apolo; asimismo seguía cosechando una pasión inusual en los demás miembros familiares incluso de amigos cercanos, siempre estaba en las nubes, perdido en un mundo de estrellas y constelaciones.

Ya maduro y en una fecha como la de hoy hace exactamente cuatro décadas en la que presencia por televisión la llegada del hombre a la luna y ver “un gran paso para la humanidad”, lo mantiene real a sus pasiones y deleites intelectuales.

EL APOLO XI ATERRIZA EN PUERTO COLOMBIA

4 Para esos días el furor colectivo por la conquista del espacio era general, en este personaje era aun más viva la conquista espacial, y así fue como craneó una idea fuera de lo común. Aterrizar al Apolo XI en esta población llamada Puerto Colombia.

Su delirio de tener muy de cerca este universo conquistado, tocar siquiera la luna, asteroides, conocer a los protagonistas de semejante hazaña, le ponen en contacto con un gran amigo que para esta crónica ya esta allá arriba, Don Oscar Arguelles.

Si esta fue la persona que le ayudó a tocar esa parte del universo conquistado, como grandes amigos sabían de sus anhelos y es don Oscar la persona encargada de traerles directamente de la Nasa, cantidades de fotografías de esos grandes momentos. Para esta época tenerlas era un lujo impresionante, como así que fotos del proyecto Apolo XI, en Puerto Colombia?

Y era cierto, el contacto de este gran amigo que en la entrevista no deja de nombrarlo y sus amigos en la Nasa le prepararon el camino a Don Toño para realizar su próxima estrategia y así le ilumina un deseo obligado, montar su tienda de abarrotes.

UNA TIENDA DONDE SE VENDIA UNIVERSO

2Su nombre Apolo XI, lugar, barrio Miramar, si ahí en ese sitio aterrizaron las ideas de este humilde hombre porteño que le sonríe a la vida en segundos, que sigue marcando su pasión por un universo conquistable y enamorado de su núcleo emocional de familia.

Los elementos decorativos de tan importante nombre en una tienda porteña la elabora un gran pincelador barranquillero y querido por muchos el popular Gerson; fue así como por varias semanas diseñan y elaboran los soportes decorativos del Apolo XI, se pintaron la legendaria Águila, emblema de la tripulación, lo mismo su módulo lunar, la legendaria fotografía de Aldrin, la luna y otros elementos detrás de mostradores.

La tienda se vuelve famosa no por sus ventas, ya que “Don Toño”, nunca atendía el negocio, eran sus familiares los que a ultima hora tenían que atender ya que este personaje sacaba su baúl secreto y le mostraba a sus visitantes esas legendarias fotografías selladas de la Nasa que con complacencia su amigo Arguelles le enviaba de Estados Unidos. Seguido, hablaba de la misión espacial y el por qué del nombre de su famosa tienda. Fue tanta la impresión de muchos clientes que no le compraban sino que la presencia era ver su mundo universo guardados celosamente en ese baúl. Es de anotar que la otra atracción era una fotografía inmensa del legendario Edwin E. Aldrin Jr fotografiado por Neil A. Armstrong, era el deleite visual.

Rodaba por todos lados, en las latas de manteca, por el saco de arroz, en los anaqueles, por los panes en fin por todos lados era la atracción de la zona, opacaba la majestuosa obra arquitectónica de escasos metros como lo era el famoso Casino de Avianca, lugar obligado de las acuatizadas de los primeros junkers que llegaron a Colombia. La Pajarera, finca residencial a escasos metros de ahí donde existía una inmensa jaula llena de finos pájaros de diferentes colores y estilos, las mismas casas residenciales de muchos extranjeros que a su frente estaban en fin era la atracción de Miramar.

Este sitio fue el preferido además por los trabajadores de la Autopista al mar, hasta ahí llegaban para apertrecharse de alimentación diaria lo que le obligó a “Don Toño”, habilitar un comedor para estos comensales.

SUS RECUERDOS

- ¡Uff mijo son muchos¡-.

Contesta en una forma alegre en donde nunca la termina porque la goza para si, sonríe con esas ganas de ser él su protagonista, desde aquella dos libras de cuero que le vendió a la vecina a sabiendas que se lo dijo y de aquella mazorca que el niño la desgrana en el camino, le ponen contento cuando termina diciendo que el cuero fue a parar a su cara y la mazorca a un costado de su cuerpo y prosigue como un niño contando todo, incluso el recuerdo de aquel vecino de esos anormales que Hector Lavoe despreciaba, esos que Don Toño describe como marico, quien lo visita y le dice Toñito bátemelo bien, si el juguito que sea California y bien helado oyó. Ni corto ni perezoso nuestro personaje si se lo bate muy bien pero con un gesto masturbatorio que le costó una carrera bien grande.

4La de aquella gran toalla que impresionó a mas de uno en la que su dueño con altivez y firmeza les decía que era comprada en la Isla de San Andrés, a sabiendas que su etiqueta contramarcaba Coltejer; las cajas de Whisky que Don Toño denominaba de ramita nadie la compraba y tuvo que terminarlas él mismo en cada estado dominguero con sus familiares; o de aquel gesto honesto por cierto cuando se encuentra la billetera de un amigo contratista quien la entrega a en presencia de aquellos chiquillos que contrata para la búsqueda y que una vez entregada la cartera con plata lo levantan a puño y patá… porque no ganaron ni pá la cola…….

En fin fueron muchas estas enseñanzas que aun conserva en su universo eso si y terminando su conversa en no saber cómo se le fueron perdiendo estas joyas fotográficas,

 

 

mijo fueron perdiéndose una por una, eso fue por mostrarlas tanto, pero ahí esta Apolo XI, mi tripulación Toña, mis muchachitas, el pelao, los nietos y mi hermano Hugo. Todavía no quiero viajar pa’allá arriba nojoda, todavía queda whisky de ramita. Ja, ja, ja, ja, ja

Apolo XI queda sellado a mediados de la década de los ochenta; el paro Cívico, por los malos servicios públicos que afrontó la situación de salubridad en esta población, obligan a Don Toño no seguir con esta misión familiar; hoy lo que era este famoso sitio porteño la engalanan dos hermosas capsulas familiares y al lado de un Malecón en donde su estancia se hace agradable pero sin lunas ni estrellas eso si en las noches oscuro, tenue e interesante como el mundo universal de nuestro personaje.