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El historiador Malcolm Deas hace una mirada del país actual
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Por Myriam Bautista / Sábado 9 de junio de 2007
Este británico hace parte del grupo de académicos que visitan con frecuencia al país. En esta oportunidad, examina la parapolítica, la guerrilla y critica la opinión internacional al respecto.
Oyendo un rato a Malcolm Deas, puede casi que olvidarse su acento inglés y creer que se está frente a un cachaco perspicaz, con sentido del humor muy particular y un tanto maloso, sin comprometerse demasiado. Una charla en la Universidad de los Andes para celebrar 44 años de visitas a Colombia y su participación en la conmemoración de 10 años de la muerte del ex presidente Barco, han hecho más visible a este profesor oxfordiano que pisó por primera vez suelo colombiano en 1963, con un tiquete muy costoso. "Llegar no solo era exótico sino muy caro".
En su apartamento de Bogotá, con los tradicionales pantalones de pana y saco de cachemir, comparte un té que toma a menudo variándolo dependiendo de la hora. Después de varios intentos aceptó la entrevista porque no le gusta exhibirse ni hablar de él porque le parece poco cortés -no quiere involucrar a sus amigos con sus opiniones- y porque cree que su historia no tiene interés histórico.
A regañadientes cuenta que después de graduarse, obtuvo una beca que le dio oportunidad de viajar a Colombia por pura curiosidad, se trataba de un país muy desconocido, grande pero muy extraño para los académicos ingleses, un sitio muy remoto. De América Latina, desde los 20, los ingleses conocían algo a México y más a Argentina por las inversiones; el comercio y los intereses en los ferrocarriles argentinos se han mantenido y la colonia inglesa podía estar allí entre 60 a 80 mil personas.
De esa primera estadía no recuerda bien cómo llegó a una celebración en el Colón, que terminó en el Palacio de San Carlos, para tomar un whisky, en un salón en donde mezclaban muchas personas con el presidente Valencia, que le pareció muy sencillo y objeto de las más picantes anécdotas. Desde entonces, sus viajes son permanentes como sus libros sobre el país, su estudio y reflexión, que posibilitan conocer un punto de vista diferente, mediado por la distancia y la ausencia de intereses distintos a los académicos. Su mirada, como la de los otros 'colombianistas', es refrescante aunque controvertible. A sus 66 años y a un paso de jubilarse, cuenta su primera sensación cuando tocó suelo colombiano. "No entendí nada, estaba muy despistado, era muy ingenuo y todo me parecía raro. Pero cierto tipo de curiosidad produce más curiosidad, la cosa es acumulativa. Uno invierte una cantidad de estudio, de cerebro y eso tiene consecuencias. Colombia tiene muchas cosas positivas, atractivas, pero no me gustan esas entrevistas en que el extranjero dice que ama mucho el país que visita. Como decía mi viejo tutor: "uno ama a las personas, a los gaticos, a los perritos, pero no a los países, eso es un poco lambón". Así, sin pelos en la lengua, esta es en resumen la opinión de Deas sobre varios temas.
La nueva historia
"La historia como disciplina académica ha cambiado y se ha ensanchado. Los historiadores profesionales de esa época eran Jorge Palacios, Jorge Orlando Melo, Luis Ospina Vásquez, Germán Colmenares y Jaime Jaramillo Uribe, cuyas memorias aún no he leído. Puede ser que olvide algunos nombres. Luego, existían algunos aficionados que merodeaban por la Academia de historia, pero poca historia salía de las universidades. Recuerdo un movimiento importante de la historia marxista con Mario Arrubla, Darío Mesa y otros. Se trataba de un sector bastante politizado, muy comprometido. Ha habido grandes progresos, por ejemplo en historia económica; un muy buen historiador en ese campo fue 'Chucho' Bejarano. Sin embargo, ciertos aspectos siguen muy flojos. La historia política del siglo XX presenta vacíos muy grandes. No hay un buen libro sobre las administraciones del Frente Nacional; no se encuentra un análisis de un gobierno que, casi todo el mundo, reconoce como bueno, el de Lleras Restrepo; sobre Olaya, tampoco hay nada sustancioso. Muchos libros sobre Violencia. Estoy contra los que quiere fijar las agendas, muchos temas que se ponen de moda, no se cuál es el de hoy; sospecho de las modas".
Personajes históricos
"Ciertas facetas del carácter de Miguel Antonio Caro me parecen atractivas e intrigantes, comenzando porque vivió siempre con contrincantes, argumentando todo el tiempo; aun cuando fue un político conservador muy pedante me interesó saber cómo alguien así llega a la presidencia, cómo llega a tener tanto peso y cómo pudo ejercer el poder gracias, en parte, al intelecto. Sin embargo, a veces su figura no es atractiva por su catolicismo dogmático, argumentador con la divinidad, de un truculento exagerado que llevó a este país a consecuencias que todos conocemos, aun cuando me parece que al final se arrepintió. Muy elocuente de esta actitud fue un pasaje que escribió sobre la Guerra de los Mil Días, una reflexión muy profunda, donde se pregunta: '¿qué se sacará de esta experiencia?, ¿qué quedará en la memoria de los colombianos? ¿Más tolerancia y menos sectarismo o se recordará la Guerra en términos de venganzas futuras?'
"Otra persona que admiro es al historiador de izquierda y de las izquierdas Torres Giraldo; hace poco apareció un libro de la U. del Valle, Anecdotario, que recoge su juventud y los comienzos de la izquierda. Los Inconformes es también muy importante, debiera ser reeditado. Pensar que la historia de la izquierda no interesa sino a la izquierda es como pensar que la historia de la Iglesia no interesa sino a los creyentes".
Políticos y 'parapolítica'
"Admiro a los políticos aunque diferencio que existen malas y buenas maneras de hacer política. Estamos oyendo las revelaciones de las malas maneras de hacer política; por fortuna este es un país de muchos políticos y existen algunos que lo hacen bien. Tenemos que ponderar el significado de esas revelaciones, unos muy metidos que sacaron provecho, que veían en ese tipo de alianzas su permanencia en el escenario político hasta gente que tuvo que colaborar porque si no desaparecía. Un político muy corrupto no es bueno para los narcotraficantes que necesitan uno medio corrupto. Un paralelo que se puede establecer de lo que ahora está sucediendo, sería con Italia, donde ocurrió un gran destape, después ciertos políticos desaparecieron, el problema era quiénes los sucedieron, gente mejor o mucho más discreta. La evaluación de la situación judicial es compleja. Oscilo entre el optimismo por todo lo que se ha destapado y el pesimismo de que las instituciones sean capaces de juzgar de manera adecuada.
"Sigo creyendo que la democracia en Colombia, con todos sus horrores y limitaciones, es preferible a cualquier alternativa de las imaginables. Estamos en medio de un juego de ajedrez, el presidente ofreció la Ley de Justicia y Paz para que los sectores paramilitares se desmovilizaran y se hicieran visibles. Los paras tienen muchas ínfulas, se sienten muy importantes e inteligentes deben haber creído que pueden manejarlo todo. No creo que sea gente con inteligencia superior, su juego de ajedrez no es tan bueno. En primer lugar, todo el mundo ya sabe quiénes son, sus fotos salen en todos los periódicos y se ven en todos los noticieros. De otro lado, han contado muchas cosas para dar miedo, tienen que hablar, pero las consecuencias de los habladores nunca son predecibles. Se están desenterrando las fosas comunes, las cuales son terribles, pero si comparamos donde estábamos hace 4 o 5 años; podríamos decir que ahora hay menos paramilitarismo, menos miedo, más cosas están saliendo; más presiones internacionales y nacionales. Si el Gobierno no maneja esto bien, saldrá históricamente bastante mal parado".
La Justicia
"El sistema de justicia no está bien administrado, se le ha metido mucha plata, pero no presenta resultados. Muchas de las decisiones son políticas. Se dan manipulaciones en el sistema. ¿Sabe un colombiano del común cómo funciona el Consejo de la Judicatura?, ni idea. La justicia es muy lenta, se demoran mucho en tomar decisiones. Siempre piden más recursos, pero poca eficacia".
Relaciones con E.U.
"La solidaridad de E.U., desde los 90, se relaciona con el narcotráfico. El origen del Plan Colombia es antidroga. Desde la elección de Andrés Pastrana han sido discretos. E.U. apoyó sus negociaciones de paz, no hubo declaraciones altisonantes que contrastaron con las que hicieron en el gobierno de Samper, cuando adelantaron una política estúpida: quitarle la visa, descertificar el país, fue una intervención muy directa; desestabilizaron, deslegitimaron sin medir las consecuencias, una política manipuladora y de corto plazo que finalmente revisaron y se dieron cuenta de que no tuvo éxito. No digo que todo lo que hizo el embajador Frechette fuera malo, pero no fue una política inteligente, debilitando las instituciones. Tal vez, ahora el impacto del escándalo de la narcopolítica ha sido muy nefasto afuera, donde pocos entienden bien lo que está pasando y el país paga un costo alto.
"De todos modos, E.U. es el país que más reconoce la corresponsabilidad internacional del narcotráfico. El Plan Colombia es el mejor reconocimiento de lo que pasa aquí. Los europeos a veces critican estas salidas calificándolas como muy militaristas, pero la ayuda de E.U. desde el 98 ha sido positiva. En los 60, se dio también un tipo de ayuda que se tradujo en la Alianza para el Progreso, llegó mucho economista y experto en reforma agraria, pero en esa época no había tanta injerencia; se ha perdido cierta autonomía no solo frente a E.U. sino con el mundo. Mucha gente afuera opina qué deben hacer los colombianos, con mucha ligereza y poca información. No soy hincha de grupos de amigos, las soluciones deben venir de los colombianos. Antes se ha hecho la paz entre colombianos sin extranjeros, los extranjeros no siempre ayudan".
La guerrilla
"Es para muchos un tema fascinante y para mí es un tema que trato de entender. La gente se cansó de diálogo con la guerrilla, se desenamoró de las conversaciones repetidas. No creo que las Farc vayan a soltar a sus rehenes con tanta facilidad, en parte son su escudo. Mantener a Íngrid es buena manera de atraer atención mundial.
"Con el Eln sucede algo muy particular. Cada vez que entran en diálogo tengo la impresión de que se les suben los humos. Piensan que tienen derecho de determinar la política petrolera o a se retire el TLC, se sienten muchísimo más importantes de lo que son. Los focos internacionales los confunden: en lugar de acercarse a la paz se crecen, no son precisamente los gobiernos quienes les hacen perder el rumbo, pero las ONG sí.
"La guerrilla domina la parte práctica del conflicto; es gente muy curtida, con mucha disciplina, sabe hacer emboscadas, tiene una visión del mundo muy particular porque creen que está cambiando a su favor, que Uribe y Bush se van a ir muy rápido, que los gobiernos de la región serán sus aliados. En ese contexto, creo que es muy difícil la tregua. Además, porque en tregua los recursos se les reducen, se amenaza la disciplina y la unidad de mando. Lo que mantiene a una guerrilla es la confrontación; no es fácil saber cómo ven su futuro, sienten enorme desconfianza hacia los militares y las autoridades; consideran que si se rinden los matan".
La prensa
"Cuando llegué la TV era en blanco y negro. El país conoce más del mundo ahora, en parte por los medios; en el exterior Colombia sigue siendo muy desconocida. "Siempre que estoy aquí me levanto para comprar el periódico con curiosidad, no leo la prensa inglesa con tanto interés, tal vez porque no tenemos problemas tan agudos como los de ustedes. Cuanto estoy fuera, consulto prensa nacional y regional, leo muchas cosas buenas en prensa de provincia. El Espectador como periódico de fin de semana está bastante bien, pero los dos grandes periódicos tienen exceso de columnistas y déficit de reporteros, por razones económicas, dicen que les sale más barato. De la prensa inglesa, haciendo un breve repaso, considero que The Economist tiene un corresponsal muy bueno, muy bien informado, ponderado; Financial Times no hace un cubrimiento tan seguido, pero es serio; The Guardian es casi siempre muy hostil, ahora muy antiuribista. Times no cubre con regularidad".
Cambios sociales
"Ha habido muchos, no necesariamente producto de gobiernos. No soy tan nostálgico de la Bogotá y de la Colombia de los 60, porque se ha cambiado para avanzar; lo que más extraño es la Bucholz, de la Jiménez. La vida universitaria de ese entonces era muy estrecha. La posición de la mujer era muy, muy distinta a la de hoy. No soy mujer, pero percibo un enorme cambio".
Malcolm por Malcolm
"No tengo un pasado de izquierda ni un temperamento radical de izquierda en consecuencia. Desempeño dos tareas, la de historia y muchos de mis alumnos colombianos ya son notables, pero he tenido que enseñar política aunque no soy politólogo. He gastado bastante esfuerzos en pensar los problemas del país con un pensamiento reformista, no me he alejado intelectualmente de los gobiernos, pero espero no haber sido ni lambón ni palaciego. En mi generación uno fue educado para no pontificar demasiado sobre los países que no son el de uno; sigo siendo old fashioned. Mirando ese mundo de las ONG y de los europeos profesionales que opinan mucho, me siento un tanto distante de ellos. Los ingleses somos afines a los colombianos en el humor político, un buen chiste político de aquí es comprensible allá y viceversa. Ambos países han sido, en cierto modo, conservadores; ninguno ha tenido una revolución, sin llevar este argumento demasiado profundo. No he pedido la nacionalidad, porque me sentiría un poco falso, nací inglés y lo sigo siendo, algunos me dicen que no enfoco eso bien, pero así soy. No critico a los que lo han hecho, pero tengo alguito que me inhibe. No me siento muy bien con los académicos que denuncian todo el tiempo, no es que esté contra los derechos humanos, pero la queja permanente no va conmigo".
La bola de cristal
"Nunca he visto un panorama fácil en el país. Hay días en que uno se deprime, porque violencia y corrupción son muy deprimentes. Hay diferencia entre fallar y fracasar. Siempre se busca a los gobiernos como mejor espacio para descargar pesimismo: 'qué gobierno tan malo, qué pesadilla', he oído decir de casi todos. Pareciera que el país estuviera pasando por una maldición especial. Pero soy al fin optimista. El futuro que espero es que los colombianos dejen de matarse. Todos quieren un país más tolerante, donde se viva mejor, nadie sabe exactamente cómo lograrlo. Uno pregunta a los economistas y las respuestas son bastantes confusas. Ningún país es totalmente equitativo, pero se tiene que persistir para derrotar la enorme desigualdad de la sociedad colombiana".
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